Comiendo en Londres

Se dice de Londres que llueve con frecuencia, y los estereotipos también dicen que los londinenses son como el clima de su ciudad: fríos.  Pues para nosotros después de visitarla durante unos días simplemente son tópicos, no ha llovido ni un solo día, el sol ha lucido y sus habitantes, muy amables.
No hemos tenido mucho tiempo para visitar una de las ciudades más diversas del planeta, pero hemos podido conocer algunos de los grandes atractivos de la capital británica; Nuestra meta era disfrutar tranquilamente de esta gran urbe,  hemos observado el Big Ben,  la abadía de Westminster, las casas del Parlamento, el Palacio de Buckinghan, con su curioso cambio de guardia, me he sentando en los escalones de Piccadilly Circus, debajo de la estatua del “angel de la caridad cristiana” simplemente viendo el ir y venir de la….gente, punto de encuentro tanto para los londinenses como los visitantes, hemos vistos todos estos atractivos desde la noria panorámica London Eye, pero sobre todo nos hemos  paseado por sus inmensos y verdes parques.  


Una de las mejores opciones que ofrece Londres es la de disfrutar de sus restaurantes de cocina internacional.  De hecho,  es tan grande la variedad de cocinas de la ciudad que se puede degustar un tipo de cocina diferente cada día, japonesa, india, italiana, china, paquistaní, pero quién viene a Londres y no come “fish and chips”, y a las 5 ¡en punto!, la hora del té… o del capucchino (en mi caso).

Fish & Chips


Patos laqueados -China-
Historia de una tradición, no siempre se ha tomado el té en Inglaterra y, mucho menos, a las cinco, de Oriente llegó, bajo el mandato de Jorge II, una exótica infusión, de propiedades benéficas para la salud:  el té.  Hasta mediados del siglo XIX, el té se tomaba a cualquier hora y, preferiblemente, por la noche.   Fue la duquesa Anna de Bedford quien, para calmar su inquieto apetito, decidió una arde de 1840 tomar una taza de té y un ligero tentempié entre la comida y la cena.  Poco después, los salones  más elegantes ofrecían el “té de las cinco”, acompañado de finos emparedados salados, scones con nata, mermelada de fresa o frambuesa, pasteles y pastas.  Los mejores lugares donde se sirven  siguen siendo los grandes hoteles victorianos, pero en los que tienes que vestirte para la ocasión, con cierta elegancia, y para lo que en esta ocasión  nosotros no estábamos preparados;   Pero no por eso no dejamos de disfrutar en una cafetería próxima a Picadilly Circus nuestro  “afternoon tea”, con todo lo que nos tocaba, buenísimo.



Sin duda, uno de los más poderosos encantos de Londres es ir de compras.  Esta afición, necesidad, o estilo de vida define en gran medida el espíritu de la capital británica, y los que nos animamos a visitarla tenemos que añadir en la ruta de navegación, junto a museos y edificios históricos, una inmersión en cualquiera, o en varios , de los mercadillos que pueblan las calles de la ciudad.  Portobello road, centro neurálgico de Notting Hill, mercado de antigüedades, donde se respira un cierto aire bohemio, y por donde paseamos ,no nos encontramos con Hugh Grant , pero si visité una librería de Books of Cook, y donde compré un par de libros, entre ellos "the hummingbird bakery", que también entre en la tienda que estaba en la misma calle, pero que no tiene nada que ver, por lo menos para mi, con Magnolia Bakery deNYC.

Otra ruta de shopping  que no puede faltar y podemos acceder curiosamente después de pasear por un remanso de paz, el canal de Regents,  donde  las barcazas están habitadas, es el mercadillo de Camden Market, para mi muy similar al nuestro en Ibiza, donde encontramos una variedad de tenderetes gastronómicos que le hacía olvidar la dieta a Bridget Jones,( y a mi), ofreciéndonos todo tipo comida a nuestro paso, incluido nuestra paella y tortilla de patatas.




  Nuestras muñecos de genjibre siempre están de Navidad en Harrods.

 Nos cruzamos con un auténtio “Made in England”, glamour a lo british.

No podía faltar ir al restaurante del conocido Jamies Oliver, "fifteen" donde degustamos de una cena con  matices mediterráneos, muy propio de su estilo.



Cogiendo fuerzas en la ribera del Tamesis, donde se pueden encontrar bares y restaurantes en barcos atracados.

Hemos paseado y disfrutado de su tranquilidad por sus inmensos pulmones, sus parques, Regent’s Park, Green Park,  Saint James Park, Hyde Park, donde no solo son un pintoresco reclamo para los amantes del deporte, recorridos en bicicletas, actividades en equipo, y hasta natación, sin olvidad un gran clásico británico: la equitación., sino que además conviven en libertad una gran variedad de “animalitos”, pelícanos, ardillas, cuervos… que tienen hasta un cuidador particular.


Nunca había visto un castaño, pero en Hygh Park hay infinidad de ellos.

Hace falta muchos viajes para llegar a descubrir todas las posibilidades de Londres, por lo que volveremos…


María.
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